Incontinencia en mujeres: causas, ejercicios y nuevos caminos de autocuidado

Incontinencia en mujeres: causas, ejercicios y nuevos caminos de autocuidado

Respirar profundo. Sí, este es un tema del que casi no se habla, pero está en miles de cuerpos todos los días. La incontinencia urinaria aparece cuando el control de la vejiga se vuelve más difícil y algunas gotitas se escapan sin permiso. Puede suceder a cualquier edad, después del parto, durante la menopausia o incluso antes; porque el cuerpo no tiene una sola etapa para cambiar… cambia constantemente.

Lo más importante es entender algo: no es un fallo personal, no es falta de higiene y no es un motivo para sentir vergüenza. Es una señal del cuerpo que nos invita a escuchar.

¿Por qué pasa?

El piso pélvico —una red de músculos encargados de sostener vejiga, útero e intestino— puede debilitarse con los años, tras un embarazo, por genética, estrés continuo, deportes de alto impacto o simples hábitos diarios. Cuando este soporte pierde fuerza, la vejiga responde antes de tiempo.

A veces, basta con reír, toser o cargar algo pesado para sentir el escape. Y aunque parezca mínimo, para muchas mujeres puede impactar en seguridad, movimiento o incluso en la forma en que se visten.

Ejercicios y pasos que ayudan — sin presión, sin prisa.

El objetivo no es ocultarlo, sino acompañarlo.
Puedes empezar con pequeños hábitos:

• Ejercicios de piso pélvico (Kegel): contrae, sostiene 5 segundos, relaja. 10 repeticiones, 2 veces al día.
• Movimiento consciente: caminar, pilates y yoga suavizan tensión y fortalecen el centro.
• Evitar aguantar las ganas: retener orina debilita el sistema a largo plazo.
• Cuidar la hidratación: menos no siempre es mejor, el cuerpo necesita agua para regularse.

Si la incontinencia persiste, aumenta con el tiempo o genera molestias, consultar con un médico especialista en piso pélvico puede marcar una diferencia enorme. No estás sola, no estás "fallando", solo estás transitando una etapa distinta de tu cuerpo.

Recordatorio final

La incontinencia no define tu feminidad, tu sensualidad ni tu valor.
Nuestro cuerpo cambia, se adapta y sigue siendo nuestro hogar.

Hablarlo también es una forma de sanarlo.

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